En España, cuando un latino llega, pasa una cosa curiosa: da igual si eres argentino, colombiano, mexicano o venezolano. Para mucha gente, de repente, todos somos lo mismo. Todos, panchitos. Una palabra que soltaban con una sonrisita, como quien no quiere la cosa, para recordarnos que veníamos de lejos, que hablábamos raro, que sobrábamos un poco.
Pues déjame contarte por qué esa palabra, para mí, significa hoy justo lo contrario. Y por qué mi madre me inspiró para crear todo esto.
De dónde vengo
Me crié aquí. Colombiano de nacimiento, español de toda la vida. Y como todo latino que crece en este país, me pasé años queriendo pertenecer del todo — encajar sin que se notara la costura, ser de aquí sin dejar de ser de allá. Es lo que haces cuando dos sitios son tu casa y ninguno lo es del todo.
Pero había una persona que no me dejaba soltar del todo el hilo de dónde venía: mi madre. La Pancha. Ella me mantuvo atado a mis raíces sin sermones ni banderas. Lo hizo a través del sancocho, de las empanadas, de la salsa y de mucha, mucha alegría. De una mesa en la que siempre cabía uno más.
Y con los años me di cuenta de una cosa: que esas comidas tienen sazón, saben distinto. Que no se encuentran en cualquier esquina. Y que cuando las extrañas, las extrañas de verdad.
Las raíces no se pierden: se guardan en la mesa.
Por eso existe esto
Un día quise montar una celebración como Dios manda — un cumpleaños, una reunión con los amigos. Buscar un sitio con sazón de verdad, música que se sienta, gente que entienda por qué a uno se le hace un nudo con una fecha patria a diez mil kilómetros de casa.
Busqué en Google. Busqué en las páginas de reservas. Y nada. Restaurantes latinos había, claro, pero dispersos, escondidos, mezclados entre mil sitios que no tenían nada que ver. Ninguna página decía: aquí, para celebrar lo tuyo, con quien tú quieras.
Así que la hice. La llamé Tan Pancho — ya te contaré por qué — pero el alma es de ella: la mujer que me enseñó que las raíces no se pierden, se guardan en la mesa.
Y si es tu primera vez por aquí, déjame explicarte en qué consiste esto.
Lo que hace Tan Pancho, en cristiano
Junta en un solo sitio los restaurantes latinos de España donde de verdad se puede celebrar. No una lista suelta: los de fiar, los que tienen mesa para tu grupo, sazón de la buena y ganas de armar la fiesta contigo. Escribes al restaurante directo, sin intermediarios y sin que nadie te cobre comisión por reservar.
La idea es simple, y está en el nombre. Aquí, cuando alguien se queda tranquilo, sin agobios, dicen que se queda tan pancho. Pues eso es lo que quiero para ti: que celebrar lo tuyo no te cueste ni un dolor de cabeza. Tú pones la ocasión; del resto me encargo yo.
Empezamos por Madrid y Barcelona, que es donde más nos juntamos. Pero ya sabes cómo somos los latinos: estamos en todas partes. Poco a poco vamos llegando.
Y también por ellos
Porque detrás de cada restaurante de esta lista hay alguien como mi madre. Alguien que se vino de lejos, se arremangó y montó su sitio a base de recetas de casa y muchas horas. Gente que se la juega —el alquiler, los ahorros, el sueño entero— para darnos a los demás un pedazo de tierra propia en forma de plato.
Esos sitios existen. Lo que muchas veces les falta es que los encuentren. Y para eso también hice esto: para que el que cocina con el corazón y el que quiere celebrar con sabor de casa se encuentren de una vez.
Panchito, con orgullo
Que quede claro, porque me gusta dejar las cosas claras: aquí “panchito” no es insulto. Es apellido.
Es el sabor que no se negocia. Es la música que suena aunque el vecino se queje. Es la mesa larga, el abrazo apretado, el “quédate un ratito más” que en realidad son dos horas. Es celebrar sin pedir permiso y sin pedir perdón.
Nos lo dijeron para hacernos pequeños. Y nosotros, con el descaro que Dios nos dio, lo convertimos en fiesta.
Y esa fiesta no cierra la puerta a nadie. En la mesa latina siempre cabe uno más: el que viene de allá a recordar, y el de aquí a descubrir. Al final, quien se sienta a comer con nosotros acaba entendiéndolo — se come, se baila, se celebra, y sales queriendo volver.
Ven cuando quieras
Si te criaste aquí como yo, sabes de lo que hablo: esa sensación rara de no ser del todo de allá ni del todo de aquí. Tan Pancho es para eso. Para que, cuando tengas algo que celebrar — o cuando simplemente extrañes el sabor de casa — encuentres el sitio donde sentirte, por un rato, de vuelta.
Tú pon la ocasión. Que Pancha pone la mesa.
Con orgullo pancho,
— El hijo de Pancha
Tan Pancho
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